|
Columna del Senador García Padilla: Una agenda contra el crimen
Publicado el: 28/1/2010 -
Comenta usando Facebook
Si se piensa, se puede entender que no es posible atender a un adicto simplemente encerrándolo en una cárcel. Si se quiere tener éxito, hay que tratarlo de forma bio-psico-social. El adicto es un enfermo cuya condición de salud lo obliga a delinquir para poder obtener droga; no es un delincuente cuyo delito es ser adicto. La adicción es una condición crónica de salud. Es la sumisión irresistible, física y psicológica a una sustancia, escapando absolutamente del control del individuo y de la que no es capaz de liberarse voluntariamente. La adicción física y la adicción psicológica son, cada una de por sí, capaces de derrotar la mera voluntad del individuo.
En Puerto Rico se ha estado tratando al adicto, no como enfermo, sino como delincuente, sometiéndolo a dos tipos de reclusión: (1) encarcelándolo sin curarlo, lo que hace que cuando salga a la calle delinca nuevamente, pues sigue enfermo; o (2) en el mejor de los casos, poniéndolo en un hogar donde “rompe en frío” con su adicción física, pero no con la psicológica. Luego, como regla general, sufren recaídas cuando regresan al entorno social donde usaban la droga, estimulados por la correlación entre el “placer” que le provocaba el uso de la sustancia y el ambiente donde lo hacía.
La solución está en que el adicto se medique para que pueda romper tanto con la adicción física como con la psicológica y sea una persona funcional en nuestra sociedad, reduciendo la posibilidad de que delinca para saciar la “sumisión irresistible” a la droga. Se pueden utilizar los servicios de los hogares donde los ayudan a “romper en frío”, pero luego es necesario que sean medicados para que, a su regreso al ambiente que le fuera usual al uso de drogas, no se active su adicción psicológica y recaigan. Son medicamentos especializados. No se trata de vender drogas ilegales en las farmacias.
El gobernador Luis Fortuño ha manifestado que “toda decisión tiene que estar basada en la ciencia”. Para ayudar al Gobernador, nos dimos a la tarea de recopilar información científica para que su actuación pueda estar “basada en la ciencia”. El 17 de diciembre de 2009, le enviamos carta al Gobernador incluyéndole la copia de 14 estudios científicos y la bibliografía de 70 estudios adicionales. Entre ellos, estudios de Puerto Rico, los Estados Unidos y otros países, de los beneficios contra la criminalidad y el impacto positivo en las condiciones salubristas y sociales de las jurisdicciones donde se ha implantado. Incluimos también, un estudio de la Universidad de California, en Los Ángeles, que confirma que le saldría más económico al Gobierno implantar un enfoque salubrista, que el modelo actual. Además, le enviamos el Volumen 75, Núm. 4, de la Revista Jurídica de la Universidad de Puerto Rico, con más de 500 páginas de análisis de Derecho comparado, y dando cuenta en el texto de alrededor de 1,000 artículos adicionales.
Todos los hallazgos, sin excepción, favorecen la medicación de los adictos. Incluimos además el Proyecto de Ley del Senado 890, donde proponemos el enfoque salubrista para este problema. Al día de hoy no hemos recibido respuesta a nuestra carta.
Mientras la actual administración es mera observadora de la escalada en la incidencia criminal, el desespero colectivo ha llegado a pensar en activar nuevamente al ejército para que patrulle las calles; medida que fue implantada ya, y cuyo resultado duró tan poco como la activación misma.
Albert Einstein decía que “la insanidad es esperar resultados diferentes haciendo siempre lo mismo”. Es hora de que hagamos algo distinto si es que queremos un resultado diferente.
Mediquemos a los adictos para reducir la criminalidad y tener un mejor y más salubre entorno social. Lo opuesto, es insano.
Compartir nota en redes sociales
COMENTA USANDO TU CUENTA DE FACEBOOK
|