Hoy nos congregamos en esta ciudad hermosa, custodia de nuestra historia como pueblo y como nación, hija de la conquista española, cuna de próceres y madre de pueblos, donde yergue en una de sus lomas Porta Coeli, Puerta del Cielo, como testigo de la gloria y la esperanza de un pueblo. Venimos a San Germán a celebrar la creación de nuestra constitución, la primera constitución escrita por los puertorriqueños para los puertorriqueños que recoge nuestros derechos como ciudadanos, y nuestra relación polÃtica con los Estados Unidos. Venimos a reafirmarnos que con la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico renació nuestra patria.
Hace 57 años, mientras Luis Muñoz MarÃn izaba por vez primera nuestra bandera, rescatándola de la división, y entregándola a todos los puertorriqueños como sÃmbolo de nuestro corazón, de nuestra alma y de nuestra identidad como pueblo, en ese mismo instante, el E.L.A. y Muñoz rescataron a una nación que reclamaba su afirmación colectiva.
Una nación entrelazada de la unión de tres razas, una nación única que luchaba por hacerse sentir y por ser reconocida. Luchábamos por ser puertorriqueños.
Esta lucha de afirmación borinqueña y de valentÃa ante los retos aparentemente insuperables nace desde el momento en que no muy lejos de aquÃ, en el RÃo de Añasco, el cacique taÃno Urayoán enfrentó al español Diego Salcedo.
Nace aquà en San Germán, con la fundación de nuestra segunda ciudad, en los versos y en las luchas de Lola RodrÃguez de Tió; de la voluntad y la gallardÃa del abolicionista y Presidente del Gobierno Autónomo de Puerto Rico, Don Francisco Mariano Quiñones; del liderazgo y la entrega de Samuel R. Quiñones, Presidente del Ateneo Puertorriqueño, del Colegio de Abogados, de la Cámara de Representantes y del Senado de Puerto Rico, todos ellos sangermeños.
Nace cuando el obispo Alejo de Arizmendi le entregó su anillo a Ramón Power al momento de partir a representarnos en las cortes de España.
Nace del lienzo de Campeche y del pincel de Oller. De la Danza de Morel Campos, de la Bomba, de la Plena y del Lamento Borincano y la Preciosa del maestro Rafael.
No existe un momento de mayor sentimiento y orgullo para un atleta que sube al podio, con el corazón de su pueblo en las manos, con su frente en alto, y vive poco a poco como una mano reemplaza a la otra, en el cordel que desliza a la cima del asta a nuestra bandera, mientras La Borinqueña retumba en su alma.
Sin embargo, no siempre fue asÃ. La historia de los Juegos Centroamericanos es el comienzo del recorrido que hace nuestra bandera para llegar a la cima de la soberanÃa deportiva.
Pensemos por un instante, cómo se sintió nuestra primera delegación en los Juegos de La Habana, Cuba, cuando representaron a Puerto Rico sin la monoestrellada, ni La Borinqueña.
Fue la prensa salvadoreña la que mejor recoge ese momento histórico al publicar en sus páginas y cito: “En las Olimpiada Centroamericanas, Puerto Rico sà ha sido una nación. OlÃmpicamente hablando, en San Salvador hemos asistido al nacimiento de una nación: PUERTO RICO.”
Sin embargo, nuestra bandera seguÃa ausente de las competencias deportivas. Faltaban otras manos que ayudaran a elevar nuestra bandera.
De la mano de Julio Enrique Monagas, de Eugenio Guerra, de Rebekah Colberg, de Juan Venegas, nuestro primer medallista olÃmpico, quien desfiló en Londres con una bandera blanca, con el nombre de Puerto Rico en rojo y el escudo al centro. Y De la mano de cientos de atletas puertorriqueños que empuñaron ese cordel y lo halaron hacÃa su pecho, hasta llegar a Helsinki, el 25 de julio de 1952. AllÃ, ante los ojos del mundo y en presencia de 21 atletas puertorriqueños, como resultado de la creación del Estado Libre Asociado y nuestra constitución, la monoestrellada, la bandera de Puerto Rico, estaba por primera vez al mismo nivel de las banderas de los otros paÃses, ondeando por derecho propio.
Para nuestros atletas que soñaron con triunfar, que trabajaron para triunfar y triunfaron, nuestro aplauso y nuestro reconocimiento. Para los que hoy sueñan y trabajan, para nuestros equipos de voleibol masculino y femenino que lograron la clasificación a los mundiales, para nuestros baloncelistas, peloteros, boxeadores y todos aquellos que unen sus manos y halan hacia su pecho el cordel de la historia, hay un pueblo que espera subirse con ustedes al podio de la victoria para escuchar La Borinqueña y contemplar nuestra bandera.
¡La bandera puertorriqueña! La que Muñoz MarÃn describió como aquella que reflejaba “la confianza en nosotros mismos y el respeto fraternal hacia todos. Es bandera de valor, de amistad, de tenacidad, de paz y de esperanza: las grandes cualidades del pueblo puertorriqueño.” Justo antes de izarla dijo el Prócer: “esta es la imagen de nuestro pueblo que ponemos, con el hondo cariño de nuestra alma, en la bandera que ahora voy a izar en nombre de todos los puertorriqueños.”
¡Esta es la bandera! La bandera puertorriqueña que desde entonces ha acompañado a nuestros atletas, por todos los rincones del mundo, como sÃmbolo de nuestra identidad nacional.
Bandera que han llevado en su pecho miles de puertorriqueños como Roberto Clemente, Anita Lallande, Angelita Lind, Wilfredo Gómez, Tito Trinidad, Peco González, Armandito Torres, entre muchos otros. Orgullo patrio de todo un pueblo que llevó a Carlitos Arroyo a decirle al mundo, soy puertorriqueño.
Frente a la tumba de su padre, Muñoz MarÃn dijo y cito: “La solemnidad de este acto no puede servir de excusa para evadir la expresión de verdades. No hay nada más solemne que la verdad.”
Cumpliendo ese principio, hoy les digo, que en Puerto Rico hay algunos que no ven en nuestra bandera la confianza en nosotros mismos, ni la esperanza, ni el respeto que ella representa. Hay otros que le tienen miedo a su significado y por eso tratan de cambiarla.
Hay uno que vive en un palacio, rodeado de históricas murallas, que atenta contra su paÃs. Uno que ha interpretado el mandato electoral como excusa para destruir. Uno que por siete largos meses ha llenado al paÃs de angustia, tristeza y desesperanza. El mismo que llegó al poder con promesas engañosas y que niega lo que somos, puertorriqueños.
A ese que ha despedido a 15 mil empleados públicos y pretende despedir 15 mil más. A ese, el que impuso Doce Nuevos Impuestos que le cuestan 500 millones al bolsillo de los puertorriqueños. A ese, el del impuesto a tu casa. A ese que le entrega el gobierno a sus amigos privados y ricos. A ese, que dice que no hay dinero para pagar el sueldo de una secretaria o de un oficinista, pero otorga contratos millonarios a su compañÃa de publicidad y a sus allegados y amigos de partido. A ese, que no tiene un plan anti-crimen mientras todos los dÃas asesinan a más personas que en el pasado. A ese, que no tiene un plan económico mientras nuestra gente se queda sin empleo y las quiebras aumentan. A ese, que no tiene un plan de salud para los puertorriqueños e improvisa con ella. A ese, que le cierra la oportunidad y la esperanza a este pueblo. Que ha roto el contrato de justicia social que existÃa en nuestro paÃs, le decimos desde aquÃ, que este pueblo está en pie de lucha. ¡Que condenamos sus acciones, y denunciamos sus atropellos!
¡Que somos el pueblo, que resurge, que alienta, que grita, que anda y combate. Que somos el pueblo, como dijo De Diego, que crece, que bate y embiste!!
Somos el pueblo que ha rechazado la asimilación polÃtica y cultural. Que consulta tras consulta, hemos escogido al Estado Libre Asociado como nuestra relación polÃtica con los Estados Unidos porque creemos en una asociación permanente con nuestra ciudadanÃa americana como vinculo indisoluble. Hoy al igual que en el pasado sombras de proyectos y procesos amañados se dejan ver desde la capital federal. Proyecto que busca darle una mayorÃa artificial a la estadidad y sacar al Estado Libre Asociado de la papeleta. Porque saben que la estadidad jamás se ganará al E.L.A. frente a frente.
Para aquellos que quieren la estadidad, hoy los reto nuevamente, consúltenle al pueblo, Estadidad SI o NO. Tengan el valor y la gallardÃa de explicarle al paÃs y exigirle al Congreso que defina cuáles son los requisitos, las condiciones y los efectos de la estadidad para Puerto Rico.
¿Quieren ustedes renunciar a nuestro himno, a nuestra bandera, a nuestra cultura y a nuestro idioma? NO.
Pues entonces, los convoco, a que nos unamos como pueblo, a que dejemos atrás los individualismos y las agendas pequeñas y mezquinas. La agenda del E.L.A. y de Puerto Rico es más grande que cualquiera de nosotros. Es momento de asumir posiciones firmes y solidarias para luchar por Puerto Rico.
Es lugar donde a los cuatro vientos podemos gritar que somos y seremos puertorriqueños. Desde donde al mundo podemos exclamar que Puerto Rico existe, que aquà estamos, que somos una nación. La Puerta del Cielo nos invita a mirar hacia el futuro.
Miremos al futuro. Nacà en el Estado Libre Asociado. Soy puertorriqueño y estadolibrista. Pertenezco a la nueva generación de puertorriqueños que hemos heredado este instrumento de servicio al paÃs. Nos corresponde a nosotros ahora llevar la antorcha del E.L.A. por el sendero de su desarrollo y crecimiento. Esa fue la ruta trazada por Muñoz y su generación. SabÃan desde entonces que el E.L.A. es la fuerza que nos une, la fuerza que emana de su gente, y que ve en el desarrollo del E.L.A. su futuro. El futuro de un nuevo E.L.A. basado en la soberanÃa popular del pueblo de Puerto Rico.
Un nuevo contrato social para que cada puertorriqueño tenga acceso a un Plan Universal de Salud que garantice todos los servicios esenciales. En donde la salud sea un derecho y no un privilegio. En donde el adicto se atienda adecuadamente mediante la medicalización de la droga.
Un nuevo contrato social que tenga un compromiso sagrado con la defensa y la protección de nuestro ambiente y con nuestros recursos naturales, para que no se privatice el patrimonio nacional. Donde se garantice el disfrute y la preservación para nuestros hijos y las próximas generaciones.
Tenemos que presentarle al paÃs una nueva propuesta económica que garantice la capacidad y las herramientas para crear riqueza y empleos.
Un nuevo E.L.A. liberado de las Leyes de Cabotaje para viabilizar el desarrollo del Puerto de Ponce, del área sur y del oeste, y convertir a Puerto Rico en el centro de la economÃa caribeña.