Al iniciar esta ronda de vistas públicas sobre la reforma contributiva, indiqué que tres asuntos eran de crucial importancia para el país: que se pueda costear la reforma sin despidos, que genere actividad económica y que sea justa.
En el primer día de vistas, el Presidente del Banco Gubernamental de Fomento hizo expresiones totalmente contradictorias. En primer lugar, dijo que la reforma se pagará, alegadamente, con un arbitrio de 4% sobre las ventas actuales de las corporaciones foráneas. A renglón seguido, dijo que en la industria farmacéutica esta administración espera numerosos cierres de empresas.
Además de ser una visión derrotista del país, es una obvia contradicción que la reforma se pretenda financiar con un impuesto sobre empresas que el gobierno actual entiende no estarán aquí en un futuro cercano. Aplicarle un 4% a empresas que no existen y decirnos que con eso se pagará la reforma es mentirle al pueblo y hacer una pantomima política para ganar favor electoral.
Por otro lado, el hecho que la Administración Fortuño trajera a Douglas Holtz-Eakin, ex-asesor económico de George W. Bush y John McCain, a testificar como su experto en política contributiva, debe preocupar a todos los puertorriqueños. Entre las expresiones desacertadas de este señor en el pasado cercano se encuentran el decir que los recortes contributivos de la administración Bush generarían actividad económica y recaudos para compensar parte del costo de los alivios y que McCain había inventado la Blackberry.
Lo segundo es un total absurdo pero lo primero es exactamente lo mismo que la Administración Fortuño está diciendo sucederá a largo plazo. El resultado en EE.UU. ya se ve - la recesión más profunda desde el 1930.
Basar esta reforma en un impuesto a empresas en retirada, según la lamentable admisión del Presidente del BGF, y seguir el consejo del señor Holtz-Eakin, es desatender el primer elemento de análisis que he planteado: que la reforma pueda costearse sin más despidos en el gobierno.