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Aprendamos de Lincoln

29 de abril de 2009

Nacido hace 200 años, el 12 de febrero de 1809, su legado histórico todavía hoy tiene la mayor de sus repercusiones, tanto en los Estados Unidos como a nivel mundial. Este auto-dictada, reconocido como la figura central de la historia política norteamericana y aclamado como el mejor Presidente estadounidense, cambió el rumbo de su nación y a su vez la del mundo. Ante la crisis que enfrentamos en Puerto Rico y las amenazas en ciernes les invito a conocer un poco de este hombre. Abraham Lincoln, quien fue asesinado apenas mes y medio de asumir su segundo término como Presidente, por cierto el primero en ser asesinado, se convirtió en Presidente en el momento de mayor crisis de la unión norteamericana, cuando los estados sureños amenazaban con separarse de la república. En medio de una lucha económica entre los estados norteños y sureños, y del reclamo hacía la prohibición de la esclavitud, el presidente Lincoln advirtió en su mensaje inaugural de 1861 a los estados confederados ?ustedes no tienen registrado en el cielo una promesa para destruir el gobierno, mientras yo tendré uno solemne de preservarlo, protegerlo y defenderlo.? Esta valentía y coraje lo llevó a enfrentar la guerra civil americana, salvar la unión, liberar a los esclavos y redefinir las responsabilidades del gobierno y la libertad.

El primero de enero de 1863, firmó la emancipación de los esclavos, preludio a la aprobación de la decimotercera enmienda a la constitución federal, la cual prohíbe la esclavitud. Su acción ha tomado relevancia en los Estados Unidos, especialmente el 20 de enero del 2009, cuando Barack Obama, se convirtió en el primer afroamericano en asumir al presidencia norteamericana y de inmediato se ha convertido en el líder de la esperanza del mundo. Al igual que Lincoln, Obama enfrenta una crisis que atenta contra la estabilidad de la nación norteamericana y constantemente ha envocado su humildad y sabiduría en sus discursos y ha abrazado el pensamiento lincolniano, de que el gobierno es la solución a los problemas. Busca el Presidente Obama, sin lugar a dudas, la unidad de sus compatriotas detrás de la mística icónica de Lincoln.

Sin embargo, en nuestro Puerto Rico pese a una crisis económica similar a la norteamericana, la nueva administración prefiere abandonar la máxima de que el gobierno como institución se constituye para servirle al pueblo y ser la solución a sus problema y su dogma es que el gobierno es el problema y debemos deshacernos de el. Atrás quedó la promesa de ?preservar, proteger y defender? el gobierno y lo único que escuchamos es el llamado a la privatización, el despido y la venta de las corporaciones como la ACAA, el Fondo del Seguro del Estado y la Autoridad de Energía Eléctrica. En el umbral de esta administración ya se respiran enfrentamientos entre los movimientos sindicales y el gobierno, la negación de nuestra nacionalidad e identidad al poner en riesgo la celebración de los juegos centroamericanos de Mayagüez en el 2010, la falta de un norte en el camino económico al andar y la falta de una política pública en educación, salud y seguridad.

Para poder gobernar hay que creer en el gobierno. Que el sistema aunque imperfecto se estableció con el propósito único de preservar, proteger y defender a los ciudadnos, y que estos a su vez buscan en el gobierno una respuesta a sus problemas. Es menester para beneficio de todos el aprender de las palabras de Lincoln del 19 de noviembre de 1863 en su famoso discurso ante su llegada al campo de batalla en Gettysburg, Pennsylvania. Exclamó en aquella tierra ensangrentada que ?el gobierno de la gente, por la gente y para la gente, no debe desaparecer de la tierra.?

En Puerto Rico estamos a la espera de un plan de gobierno. El pueblo demanda dirección y liderazgo, que sus líderes respeten su juramento sagrado de servir y no de destruir. A mantener nuestros compromisos para con el pueblo y no convertirnos en cometas que vuelan según sopla el viento.

No claudiquemos a nuestro deber supremo al servicio, que exige el más alto grado de disciplina, trabajo duro y tesón para con el país. Donde el gobierno de la gente defienda y garantice un mínimo de oportunidad de progreso a quien precisamente la necesita. Un gobierno para la gente que logre un desarrollo económico saludable para todos y que no caiga en la tentación de la visión amañada de la protección y expansionismo de unos pocos, a costa del sacrificio de muchos.

El pueblo puertorriqueño se sienta todos los días, como ésta la imponente figura de mármol del presidente Lincoln en la capital federal recordándole a su país que esta ahí vigilante ante las actuaciones del gobierno hacía ellos, en espera que este gobierno por la gente el cual esta obligado ha delinear un norte distinguible, de establecer una visión de país, una misión a realizar y el compromiso principal de forjar el futuro de la patria.

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